Adultos
Escuchar a los niños. . .
Por Jacqueline Harding, Directora Educativa
A los niños pequeños les encanta hacer preguntas; son por naturaleza curiosos y desean explorar el mundo. Preguntan todo sobre todo: su sed de conocimiento es extensa e impresionante.
Las preguntas de los niños revelan en general sus aspiraciones, esperanzas, sueños y deseos. Lo adultos que son capaces de tomarse el tiempo para “oír” lo que los pequeños quieren decir y escuchan las preguntas que hacen pueden dar fe de la perspicacia, sabiduría y humor increíble de los niños.
Preguntas. . . preguntas. . .
A continuación presentamos el tipo de preguntas que comienzan a surgir entre los 2 y 4 años de edad: ¿qué?, ¿cuándo?, ¿quién?, ¿por qué?, y luego ¿cómo?, ¿me das? y ¿puedo ir?
Los niños menores de cinco años también comienzan a:
- Reírse de las bromas que comprenden y de las absurdas, como por ejemplo “una vaca hace ‘beee’” (una broma que sin dudas va a causar carcajadas).
- Narrar experiencias emocionantes. Aunque los eventos relatados no sean secuenciales, sin duda rescatarán las partes más significativas para ellos. Tal vez sólo sea dónde debieron sentarse en el parque o qué almorzaron, o que una catarina caminó sobre su bolso. Los detalles pequeños suelen ser más relevantes que otros detalles fundamentales.
¿Por qué hacen preguntas los niños?
Durante el día los niños pequeños hacen preguntas por diversas razones. Por ejemplo, para:
- Establecer un punto de vista
- Obtener información
- Recordar eventos pasados
- Predecir algo que podría suceder
- Comprender un hecho, una emoción, un pensamiento, etc.
- Clasificar y discriminar
El arte de la conversación
No hay duda de que los niños aprenden a escuchar a los demás si los adultos los escuchan a ellos y demuestran verdadero interés en lo que dicen los pequeños.
Entonces, ¿de qué desean hablar los niños? Fundamentalmente, se trata de entrar en sintonía con la perspectiva del mundo de su pequeño. Se ha demostrado que la conversación genuina funciona bien incluso con los niños menores de dos años. Esto significa compartir la conversación y no sólo disparar preguntas al niño. Sin este tipo de interacción genuina, la conversación se detendrá.
Sin embargo, si los adultos hablan de sus propias experiencias y construyen la conversación sobre la base de lo que dice el niño, el diálogo puede pasar a otro nivel.
¿Qué importancia tiene la retroalimentación, ya sea verbal o no verbal?
Intente la siguiente prueba: indique a otro adulto que se siente frente suyo y pídale que preste poca atención a lo que usted le va a contar durante los próximos cinco minutos. Luego, comience a contarle el mejor día de su vida. ¡Es probable que le resulte difícil mantener el entusiasmo o la voluntad de continuar los cinco minutos! Entonces, si como adultos necesitamos reconocimiento de lo que decimos, ¿cuánta más atención y reconocimiento constante necesitarán los niños para comunicar sus pensamientos e ideas (en especial cuando apenas están desarrollando sus habilidades verbales)?
O si no, piense en lo difícil que es conversar en otro idioma: aprender otro idioma cuando uno es adulto es muy difícil, y mantener una conversación fluida en otra lengua sin ayuda y estímulo es casi imposible.
Temas interesantes
A continuación presentamos algunas sugerencias de temas de conversación que pueden ayudar a generar una comunicación fluida con niños menores de cinco años de edad:
- Personajes de programas de televisión
- Sus juguetes (los nombres que les han puesto y cómo juegan con ellos)
- Personas especiales en sus vidas
- Barro y criaturas peludas
- Su cumpleaños
- Cómo se sienten en diferentes climas y lo que usan
- Lo que pueden hacer ahora comparado con lo que podían hacer un año atrás.
El lenguaje de la música
Las actividades lingüísticamente ricas durante los primeros años son cruciales y no se le debe restar importancia al valor de cantar canciones y rimas infantiles.
La música es una manera excelente de comunicarse con los niños. Intente tocar música con su hijo y generar una conversación: es muy divertido y nos permite expresar nuestros sentimientos más íntimos cuando nos faltan las palabras. Los instrumentos caseros también son válidos: las tapas de ollas, las botellas plásticas y las cucharas de madera y metal pueden producir innumerables sonidos musicales (y cualquier manera en que se los utilice está bien).
Hasta puede organizar un juego de preguntas y respuestas mientras toca la batería. Por ejemplo, el niño da una combinación de golpecitos y luego el adulto lo copia ¡y así sucesivamente siguiendo diferentes ritmos para tocar y responder! Los niños pronto aprenden que pueden participar de una conversación de este modo.